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El poeta:  el mensajero de los dioses


El filósofo escucha al poeta:

Heidegger y Hölderlin.

1. La poesía ha sido vista como “la más inocente de las ocupaciones” por algunos espíritus simples, al considerar que sólo queda en un hablar y decir, que es como un sueño sin sustento real, un juego de palabras sin lo serio de la acción; es, pues, inofensiva e ineficaz.

2. Sin embargo, debemos advertir que la materia de la poesía es el lenguaje: el bien más preciado y el más peligroso que le ha sido dado al hombre. Gracias al lenguaje, el hombre puede expresarse, mostrar lo que es, en todos los órdenes humanos, comunicando experiencias, decisiones, estados de ánimo. Aunque el lenguaje sirve para entender, y es, por ello, un bien, no se agota en esta función, que sólo es consecuencia de su esencia. El lenguaje, esencialmente, crea un mundo: la conciencia humana, y convierte al hombre en un ser histórico al permitirle dar testimonio de su pertenencia a la tierra. Pero es ahí donde, también, resulta el más peligroso de los bienes porque amenaza al ser (la existencia esencial) con el ente (la “cosa” superficial): La palabra como palabra no ofrece nunca inmediatamente la garantía de que es una palabra esencial o una ilusión. Al contrario, una palabra esencial, a menudo toma, en su sencillez, el aspecto de inesencial. Y lo que, por otra parte, da la apariencia de esencial por su atavío es sólo una redundancia o repetición. Así, el habla debe mantenerse siempre en una apariencia creada por ella misma, y arriesgar lo que tiene de más propio, el decir auténtico. 
El lenguaje no es, pues, un mero “instrumento disponible, sino aquel acontecimiento que dispone la más alta posibilidad de ser hombre.” 

Fragmento de Desnudando a la musa: ¿qué hay detrás del talento literario? 
Ethel Krauze, 
Conaculta, Col. El Centauro.

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