POEMAR ES UN MILAGRO QUE OCURRE A DIARIO... En las catacumbas o en el santuario el poeta recoge la flor del eterno vertedero, así sea la flor del mal que huele Beaudelaire en el alma que sufre o la necesidad de amor de una muchacha ebria en un bar. Aquí, una forma de nombrarla: LA MUCHACHA EBRIA Este lánguido caer en brazos de una desconocida, esta brutal tarea de pisotear mariposas y sombras y cadáveres; este pensarse árbol, botella o chorro de alcohol, huella de pie dormido, navaja verde o negra; este instante durísimo en que una muchacha grita, gesticula y sueña por una virtud que nunca fue la suya. Todo esto no es sino la noche, sino la noche grávida de sangre y leche, de niños que se asfixian, de mujeres carbonizadas y varones morenos de soledad y misterioso, sofocante desgaste. Sino la noche de la muchacha ebria cuyos gritos de rabia y melancolía me hirieron como el llanto purísimo, como las náuseas y el rencor, co...