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EL POETA INSTAURA EL SER CON LA PALABRA:

Siguiendo a Heidegger que sigue a Hölderlin
Continuamos esta "poemación" (reflexión sobre el poemar)

3. El diálogo es la razón de ser del lenguaje. Poder hablar y poder oír son acciones inevitablemente simultáneas. Habla, mundo y dioses aparecen conjuntamente con el ser histórico del hombre. Es decir, el habla dota al hombre de conciencia, y por lo tanto, de un mundo en el que los dioses llegan a las palabras para entablar el diálogo e instaurar la historia. Estos actos no son sucesivos, ni consecuencia unos de otros, sino que se producen al unísono. 

Ésta es la potencia creadora de las palabras para Heidegger, que, aunque no se refiere a dioses en sentido religioso, sino simbólico, me remite directamente al Génesis, cuando Dios dijo: “Hágase la luz”, y la luz se hizo, no como consecuencia de su dicho, sino que en el dicho mismo va incluido el acto, pues dicho y acto son una misma cosa. Digamos que si Dios crea el mundo todo con la sola fuerza de la palabra, el ser humano es un co-creador, pues crea “su” propio mundo. (Más adelante trataremos el aspecto del diálogo y la co-creación desde el enfoque de las ciencias cognitivas).
En este punto, Heidegger toca la médula ósea de su tesis: la responsabilidad de todo ser humano para tomar la decisión de establecer un diálogo auténtico y asumir su condición esencial. 

Aquí reside, por lo mismo, la apoyatura a mi propuesta de que la creación literaria es una prerrogativa abierta y comprometida con el propio desarrollo humano, como trataré de explicar. En el lenguaje heideggeriano se establece la “obligatoriedad” del diálogo: “Cuando los dioses traen al habla nuestra existencia, entramos al dominio donde se decide si nos prometemos a los dioses o nos negamos a ellos.”  Dicho de otro modo, somos nosotros quienes tomamos la decisión de aprovechar las palabras en su más profundo y auténtico sentido para asumir una existencia plena, o bien, nos perdemos en el abismo de lo pasajero y superficial.

4. El que asume el llamado para instaurar lo permanente, lo esencial del ser, es el poeta. Es el que “detiene la corriente” de las palabras y fija la palabra esencial. La poesía instaura el ser con la palabra.

5. En este último tramo, Heidegger reúne las observaciones anteriores y le otorga a la poesía el papel central de fundamento de la historia, instauradora del ser y sustento original del lenguaje. Me parecen de especial relevancia tres aspectos aquí señalados: el desenmascaramiento de la simpleza con la que hasta nuestros días sigue viéndose a la poesía, como un “adorno que acompaña la existencia”, “una pasajera exaltación” o “un acaloramiento y diversión”; recordemos, si no, el escaso papel de la política cultural en el concierto de las naciones, el menosprecio en los recursos económicos destinados a su desarrollo y su condición, en el mejor de los casos, de “complemento optativo” en los programas de educación formal. 

La poesía, dice Heidegger, no es una manifestación de la cultura, no es el alma de la cultura: más bien, hace posible la cultura, al hacer posible el lenguaje. Aquí Heidegger propone una definición que de muchas formas sintetiza lo expuesto por Vico acerca del origen poético del lenguaje: “La poesía es el lenguaje primitivo de un pueblo histórico”,  y “el lenguaje primitivo es la poesía como instauración del ser”. 
El segundo aspecto, es la desmitificación  del lenguaje poético como un “decir caprichoso”. Al contrario, el poeta “no toma el lenguaje como un material ya existente”, sino que “hace público todo cuanto después hablamos y tratamos en el lenguaje cotidiano”.  Por lo tanto, la esencia del lenguaje está en la esencia de la poesía.

El tercer aspecto es significativo para reescribir la interpretación del poeta como mensajero, ungido, iluminado, diferente al resto de los mortales. Cuando Heidegger dice que el poeta es un “proyectado fuera”, pues es quien establece el diálogo entre los dioses y el pueblo, no se refiere a una persona especialmente dotada para ello, sino a una función esencialmente viable para todos. En este estar entre los dioses y el pueblo  “por primera vez se decide quién es el hombre y dónde se asienta su existencia” .

Heidegger nos enfrenta al espejo de nuestro propio ser: querámoslo o no, somos portadores de la poesía, estamos condenados al habla, a la libertad, a crear mundo, tiempo, historia. Los dioses nos invocan (a través de la naturaleza, los sueños, el subconsciente, o cualquier otra vía, simbólica, mágica, mística, etcétera), pero somos libres de aceptar esa comunicación: podemos establecer este diálogo, tanto vertical con ellos, como horizontal con nuestros semejantes. 

Así como en nuestra estructura ontológica se encuentra la finitud, también alienta la cualidad de la creación poética. El poeta no es un privilegiado; en todo caso, somos todos los seres humanos los privilegiados pues hemos recibido el mayor bien, que es la palabra.

 El poeta es aquel que ejerce conscientemente el don natural que a todos nos ha sido dado (lo que he llamado la metaforización consciente); es el que asume su responsabilidad, no la niega, no la deposita en  el “otro” considerándolo un elegido; tampoco vive creyendo que es el “otro” el que muere. El poeta sabe que la firme fundamentación de la existencia está en la instauración del ser con la palabra.

(Fragmento)
Desnudando a la musa: ¿qué hay detrás del talento literario?
Ethel Krauze
Col. El Centauro, Conaculta, 2011.

¿CUÁL ES, PUES, TU PALABRA?
¿TU RESPONSABILIDAD?
¿CÓMO INSTAURAS EL SER CON TU PALABRA?
POEMANDO ENCUENTRAS LAS RESPUESTAS

Comentarios

  1. Excelente texto que te invita sin lugar a duda a considerar lo que en él se expresa como parte de la vida; Todos somos poetas.

    Un abrazo

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  2. Ser poeta duele/
    Ser poeta revienta el alma/
    Ser poeta es cosa de todos los días
    Gracias maestra por el bello texto.

    ResponderBorrar
  3. Ser poeta duele/
    Ser poeta revienta el alma/
    Ser poeta es cosa de todos los días
    Gracias maestra por el bello texto.

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  4. Gracias, gracias por sus compartires y poemares, esto es instaurar el ser con la palabra...

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