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POEMANDO CON DIAMANTINA:

Crea un bing-bang en cada palabra y lo lograrás

¿Qué pasa dentro de la palabra? ¿Cómo meternos tras bambalinas de esta viajera capaz de decir un discurso político, hacer un poema de amor o servir al albañil para contar ladrillos? La misma palabra anda viajando por todas partes, cambiando su coreografía y desempeñando diferentes funciones. Entre el sentido, el sonido y el significado, además de la intuición previa expresada en una imagen singular y el concepto universal que finalmente propone, se conjuga el elíxir de un nuevo ser: el texto literario.
Buceemos dentro de una palabra, como si fuera un costal, entremos en ella para ver y sentir qué contiene y cuáles son sus posibilidades. Elegida al azar, la palabra diamantina es ahora un costal que nos permitirá vivir la experiencia del alquimista en su crisol:
D I A M A N T I N A
Vamos a partirla y a separar sus sílabas inicial y finales para encontrarle hermanas sonoras que nos lleven a significados distintos.               

DIA man TINA
       Día                          Serpentina
       Diadema                 Solferina
       Diálogo                   Cristalina
       Diabólico                 Esquina


Sonido y significado:

Formemos una frase que inicie con la primera palabra y termine con la última. Llenemos el centro. Para poder unir estos pares hay que extraer nuevas palabras que las relacionen. Un escritor es siempre un casamentero que enlaza palabras para que nazcan otras. También es un ingeniero de puentes y caminos que construye vías entre las palabras según la distancia, las características y las necesidades entre ambas.
·         El día gira alrededor como alocada serpentina,
·         la diadema de la luna es la gruta solferina
·         cuyo diálogo sigo, y en la paz cristalina
·         un diabólico beso me derrite en la esquina.
No importa el resultado, sino el proceso, la experiencia. Porque también podría ser el siguiente, en el cual se adquiere un sentido diferente, casi antagónico, con los mismos significados:
·         Este día triste, largo como serpentina
·         atada a tu diadema en aquella imagen solferina
·         cuando tu diálogo se convirtió en memoria cristalina
·         desde que el diabólico azar nos separó en la esquina.
Armemos una frase que una las palabras de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.
·         El día es la diadema de nuestro diálogo diabólico,
·         mientras tanto, en la esquina, la cristalina luz se enreda, solferina, como una tenue serpentina.
Probemos la creación horizontal con la creación vertical, alternando ambas y agregando palabras aparentemente impensables de formar parte del mismo universo.
·         Todo el día he sido serpentina,
·         he sido la imagen solferina de mi propio diálogo,
·         he doblado las diabólicas esquinas
·         y abrevado en cristalinas grutas,
·         mi sonrisa es la diadema que me guía.
Podemos hacer otras variantes, casi al infinito, al  partir una palabra, extraer de ella otras más, y en cada unión creada, lograr que nazcan nuevas palabras y nuevas uniones.
Si añado otra u otras palabras, ¿cómo introducirlas? Por ejemplo:  “árbol” o “perla”.
·         Soy la perla de tu serpentina,
·         eres el árbol de mi diálogo;
·         soy la perla cristalina que brota en la esquina de tu boca,
·         y tú, el diabólico árbol prendido a mi diadema,
·         atado al día en que sentí tu luz primera.
Todas las palabras sirven para todas las cosas. En un paralelismo conceptual, recuerdo otros ejemplos, como aquel en que Jean Paul Sartre decía que bastaba que un hombre viviera un día para que tuviera toda una biografía; es decir, en un día de vida están todos los días que ha habido y que habrá. Y, recuerdo también a Jorge Luis Borges intensificando aun más esta propuesta en sus muchas declaraciones, que recogen el alma de sus propios cuentos, al afirmar que bastaba un ser humano, viviendo un solo segundo de vida, para que existiera la historia de la humanidad. Justamente, en “El aleph”, metaforiza esta idea en la que en una sola letra, la primera del alfabeto hebreo y que representa a Dios, está contenido el universo todo.

Ethel Krauze: Desnudando a la musa: ¿qué hay detrás del talento literario? Conaculta, 2011
(Fragmento)

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