Canto
primero:
El cautiverio de Briseida
I
El odio es
puro: líquido, hermoso.
El plato,
sucio.
El vaso
hiede: pérfido, pringoso.
Apesta el
fregadero
con sus
ollas de costra dura y seca,
con su capa
de grasa:
su vieja
cucaracha retorciendo
piruetas en la jerga.
Tienes un
odio a flor de alma,
-más que de
piel, de entraña-,
si alma es
lo que guardas en el polvo
del bulto de tu cuerpo,
eso que escapa poco a poco
entre la
coladera,
junto al
lodo del trapeador,
los pelos
sueltos en la tina,
y una
familia entera de hormiguitas
que hacían
el mandado entre las sobras
del bolso
del mercado.
Tu odio sube
como lava
tu pecho es
un volcán a punto,
-ay, siempre
a punto, siempre,
no hay
tiempo para la erupción,
¿quién
limpiaría el tiradero?,
¿vale la
pena el breve desahogo
para tamaño
esfuerzo?-
Tu odio
sideral
no cabe en
el infierno,
la bóveda
celeste
no tiene la
medida
no puede contenerlo,
te sientes
más allá
de todo
entendimiento,
incluso más
allá del sentimiento,
¿será esto
el paraíso
del odio ardiente y puro?
¿Un lugar
infinito
y eterno
para el odio?
Es el Topus
Uranus de Platón,
el Nirvana
envidiable de los Budas
que meditan
sin tregua Iluminados,
con su poder
de ser y ya no ser
al mismo
tiempo.
Tú,
con todos
tus poderes
barriendo la
cocina,
¿habrás
llegado a la pureza,
pureza
eterna e inmutable,
para
sentirte viva,
candente,
tú, tú misma
de carne y
hueso,
de corazón
hirviendo,
con alma,
ahora sí,
con alma de
guerrera,
con alma de
odiadora?
¿Habrás
llegado a no ser eso que odias
y ser al
mismo tiempo el odio con que odias?
Iluminada
seas, llegó tu hora.
Nadie ha
cantado una oda al odio puro de lavar los trastes,
al odio
feliz de saberse odio,
de sentir
ese odio,
de
respirarse así,
como un
ramaje de nervios que suben por los codos
y florecen
temblorosos en la yema de los dedos al toque de la fibra
y del
zacate,
¡oh, la
espesura de la grasa,
los trozos
de cebolla renegridos
la cáscaras
de huevo
pegadas en
el vaso!
¡oh,
vestigios de leche fermentada,
el tufo de
tocino
quemado y
esparcido
en la tarja
repleta de cucharas!
Nadie
predijo que la Gloria es fácil.
Para asomarnos a las batallas que ocurren en
la otra Ilíada
comparto este aquí este inicio
e invito a continuar.
Disponible en www.ediciones torremozas.es
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