POEMANDO BESOS PARA REGALAR A LOS QUE AMAN DE VERDAD
¿Recuerdas cómo era la lluvia
cuando aún no nos besábamos?
Era julio
y el moribundo cielo
se rasgaba.
Nos miramos tras la reja
muchas veces,
antes de que el fruto
se abriera.
Nos subimos al puente del aroma
para probar el naranjo
en nuestra sed,
y no saciaba.
No saciaban los hielos
en el vaso
ni el cántaro de vino
ni la miel.
Nos bebíamos el filo
de la lluvia
en la ropa,
en el paraguas,
y el clamor no cesaba.
Recorrimos las calles,
los planetas,
buscando el vértice
del agua.
No lo hallamos.
Intentamos la espuma,
la neblina,
el vidrio de la madrugada,
las fibras del rocío,
la escarcha,
la vibración de la nieve…
Nada.
Ni una gota que calmara
la fiebre.
No hubo otro modo:
cerramos los ojos
y dejamos que el beso
nos llamara.
Ethel Krauze, Juan
¿De qué está hecha la mar, si no del beso?
¿De qué, las olas, sus manso y atroces
movimientos azules?: de los roces
que el cuerpo envía a los aires del cerezo.
A los aires del fuego, a su proceso
magnífico y silente, a sus poses
de labios imprudentes como arroces,
cuyo brindis recíproco, son eso:
Eso, amor, un cáliz tenebroso,
un almendro que vaga entre las venas
en la lámpara oscura del reposo;
eso, amor, la fiebre en las cadenas
de tu pulpa, la luz de este sabroso
morir, el beso que mi pozo llenas.
Ethel Krauze, Amoreto.
Tres besos célebres, por si aún te falta inspiración para poemar tu propio beso:



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