YO TAMBIÉN HABLO...
de la rosa... y no sólo de la rosa, de las cosas, de todas las cosas que hablan que son todas y que hablan convertidas en poesía
Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.
Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida
de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
Sor Juana Inés de la Cruz
Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría
ni la de piel de niño,
ni la rosa que gira
tan lentamente que su movimiento
es una misteriosa forma de la quietud.
No es la rosa sedienta,
ni la sangrante llaga,
ni la rosa coronada de espinas,
ni la rosa de la resurrección.
No es la rosa de pétalos desnudos,
ni la rosa encerada,
ni la llama de seda,
ni tampoco la rosa llamarada.
No es la rosa veleta,
ni la úlcera secreta,
ni la rosa puntual que da la hora,
ni la brújula rosa marinera.
No, no es la rosa rosa
sino la rosa increada,
la sumergida rosa,
la nocturna,
la rosa inmaterial,
la rosa hueca.
Es la rosa del tacto en las tinieblas,
es la rosa que avanza enardecida,
la rosa de rosadas uñas,
la rosa yema de los dedos ávidos,
la rosa digital,
la rosa ciega.
Es la rosa moldura del oído,
la rosa oreja,
la espiral del ruido,
la rosa concha siempre abandonada
en la más alta espuma de la almohada.
Es la rosa encarnada de la boca,
la rosa que habla despierta
como si estuviera dormida.
Es la rosa entreabierta
de la que mana sombra,
la rosa entraña
que se pliega y expande
evocada, invocada, abocada,
es la rosa labial,
la rosa herida.
Es la rosa que abre los párpados,
la rosa vigilante, desvelada,
la rosa del insomnio desojada.
Es la rosa del humo,
la rosa de ceniza,
la negra rosa de carbón diamante
que silenciosa horada las tinieblas
y no ocupa lugar en el espacio.
Xavier Villaurrutia
I
Yo también hablo del poema,
no del paréntesis;
del poema que sube y vuela,
no de la planicie de hierros y puntos ciegos.
Hablo del verso azul
y la paloma engendrando un soneto
que da forma a mi estupor,
a mi llama,
a mi regalo;
no del vértice helado del silencio
cuya nota sin voz
no es ni lamento,
sino sombra,
vacío,
sed de hueco.
Hablo del indomable canto del poema
que rima con la estrella y vierte
su claridad al vasto cielo;
no del páramo,
del corredor sin llave,
del párpado cerrado.
Hablo del hambre de decir,
del fuego mineral que hiende venas y crepúsculos;
no del pasadizo olvidado de la cosa
sin ruido.
Hablo del vaso corazón del verbo,
no del paso perdido,
sí del viento, del viento herido
en el puñal de cada signo;
no, no del abismo huérfano
de la memoria.
II
Si la rosa lo es,
yo espero el llamado de su aroma,
porque flor sin aliento es alba ciega
incierta cosa o palabra sin ruido,
no es la rosa que prístina se eleva.
Dame,
si rosa eres,
la gentileza de tu flor,
dame tu aurora volandera
el irisado incendio de tu aroma
para entrar en el mundo de las cosas
que tu nombre levanta
como ola
en la antigua memoria de las rosas:
el pétalo
el jarrón
el labio abierto
el corazón desnudo de mi lecho
el poema dormido en los renglones.
Cerrar los ojos
seguir la ruta
hacia tu centro.
Ethel Krauze (Copyright)
¿De qué vas a hablar/poemar tú hoy?

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